Según la tradición, el año 1846, le fue robada a la Virgen la corona que ostentaba. El pueblo, para desagraviarla, celebró una fiesta religiosa colocándole otra nueva.
En tan solemne y simpático acto no podía faltar el típico dance popular, máxime cuando entonces se guardaban las reglas de moralidad y así debía ser, ya que estos dances populares no eran sino los célebres "Autos Sacramentales", aunque un poco desvirtuados. Eran una representación plástica de la vida de algún: santo, o de un misterio del Señor.
Se celebraban en la vía pública o plaza principal del pueblo. Los pueblos vecinos concurrían al pueblo en el cual se celebraba algún acto de éstos, saliendo todos edificados de la moralidad y del esfuerzo que suponía para realizarlos.