Todos los sábados de Mayo se hacía la rogativa a la Virgen de la Peña, celebrándose allí la Santa Misa.
Concurría todo el pueblo, los clavarios eran portadores de sendos cirios -hachas-, así como los cofrades.
De regreso se hacía alto frente al Cementerio y, después de rezar, por los difuntos, se pasaba lista a los vecinos y quienes faltaban, sin causa justificada, abonaban 25 céntimos que pasaban a engrosar los fondos de la Cofradía.