La festividad de San Antonio Abad, 17 de Enero, se celebraba por todo lo alto. Misa solemne y Vísperas. Los cultos los sufragaban los Clavarios. Estos, después de la Santa Misa, salían a pedir por las casas. Portaban grandes cestas llenándolas de huevos, panes, tortas, patas de cerdo, pollos, conejos; etc., ya que las amas de casa no regateaban nada al Santo para que les guardase los animalillos.
Por la tarde, terminadas las Vísperas, se reunía en el Ayuntamiento todo el pueblo, presidido por las Autoridades, Sr. Cura y Clavarios. Se repartía vino en abundancia, y el alguacil, después del anuncio de rigor, iba subastando por lotes cuanto contenían las repletas cestas.
Algunos lotes eran más apetecidos; por eso, ciertos grupos y también particulares, iban subiendo tantos, los que el alguacil cantaba. La alegría, el comentario y el vinillo caldeaban el ambiente y motivaban el alza de los mismos, que eran adjudicados al mejor postor entre aplausos y expectación.
Al final, la concurrencia abandonaba la Sala-Ayuntamiento haciendo los más dispares comentarios. La Presidencia repasaba la lista de ingresos. Los rematantes hacían su pago en el transcurso del año. La noche anterior cada barrio encendía su hoguera al santo.