Recibe este nombre el conjunto de animales que se envían a pastar u terrenos comunales y, en ocasiones, a particulares.
En nuestro pueblo funcionaron dos dulas. En una se agrupaban el ganado vacuno y el caballar; en la otra, el mular y asnal.
Ambas salían al campo durante todo el año, excepto en los días malos de invierno.
Pastaban, durante el invierno, en las praderas no reservadas del Ruidero, Fuentetapada, Molino, Dehesa Alta, Cerradilla, etc. En el resto del año lo hacían en los verdines de barrancos, caminos, de San Antonio, trozos de riera y fincas designadas a tal fin.
Existían dos corrales para cobijo del mueble. Uno en el Santo Cristo para el vacuno y caballar. En la actualidad, un tanto mermado por venta, está arrendado mediante subasta.
El otro, ubicado en el Barrio Bajo y adosado a la vivienda de don Hilario Moya y esposa, doña Victoria, se encerraba el ganado asnal y mular. También, por construcción de un edificio contiguo ha quedado bastante reducido.
Los duleros formulaban su contrato de servicio con el Ayuntamiento y éste les pagaba sus haberes. Asimismo, los particulares abonaban al
Ayuntamiento el impuesto correspondiente por cada cabeza de ganado.