Romerías 

Retrocediendo sesenta años atrás muchas personas de Aguilar iban al santuario de la Virgen del Campo de Camarillas el día de la segunda pascua, o sea, el domingo de Pentecostés.

Por aquellos años hacían la romería en grupos sueltos, pero muchos años antes, sí que iban en procesión. Celebrada la Santa Misa, los de Camarillas llevaban en andas a la Imagen, alrededor de la plaza del Santuario, al tiempo que todos cantaban los gozos propios. Allí en la referida plaza, vendían chucherías para los pequeños y también para los mayores, aunque poco había que elegir en aquel entonces.

También los del pueblo de Jorcas tenían la romería al domingo siguiente a Pentecostés. Al llegar, por Villallano, a la ermita de Santa Catalina le hacían una visita cantando algún cántico; luego seguía la procesión ordenada hasta el pueblo con sus cantos y banderas. Llegados a éste, los jóvenes ascendían a la torre, dando un bandeo de campanas; entre tanto, los romeros visitaban a sus familiares y, cumplida esta misión, se reunían en el Barrio Bajo para continuar camino de la Virgen del Campo.

La fiesta, en el santuario, corría a cargo de ellos, agregándose el sacerdote de Camarillas y alguna persona más de dicho pueblo. El regreso, y en grupos, lo hacían por el camino de arriba, sin entrar en Aguilar. Así mismo, de Galve y Miravete acudían el día de San Miguel de Mayo, e iban todos los hombres del pueblo, y pobre del que se quedaba las mujeres lo manteaban y le tomaban el pelo todo lo que podían. ¡Buena manera para hacerlos ir a la romería!