Secano y huerta 

Secano

El término de Aguilar del Alfambra, por la parte S.E., aparece rasgado por el curso del río Alfambra, que serpenteando por la huerta, desaparece en el Estrecho y atravesando Cañaseca, se dirige hacia los Alcamines.


El camino vecinal y la carretera Mora -Aliaga- lo cortan en dirección S.E.

Los caminos de herradura principales son: el de Camarillas, Miravete, Jorcas, Ababuj, Escorihuela y Galve. De éstos arrancan los interiores hacia las diversas partidas.


La tierra de la hoya es fuerte y, en parte, arcillosa, por cuya causa resulta bronca para el laboreo. Sin embargo, sino fuese por el clima extremado, 1.350 m., de altura, rendiría mucho más dada la calidad de la misma. La de las alturas, en general, es más sencilla y produce menos.

El término de Aguilar está salpicado de abundantes fuentecillas de agua pura y cristalina, cuyos pequeños arroyuelos mitigan la sed de los ganados y riegan algunos trozos.





Entre otras destacan: Fuendeoriente, Cañaguilar, Hontanar, Fuenredonda, Fuendenguilas, Fuenbenita, Cerrado Galindo, Fuente Tapada, Pocico -en el pueblo-, las Pilicas -salida del pueblo en el camino del Collado-.

El terreno, excepto algunas partidas, es relativamente llano, lo que facilita su trabajo. Sus caminos son amplios y bien conservados, factor favorable para la mecanización que a toda costa se impone para que los pueblos prosperen y los labradores cambian de vida.

En el año 1956 el Patrimonio Forestal del Estado repobló la partida denominada "La Muela" en una extensión de 150 Has.




Existen miles de pinos, cuyos pimpollos indican que, en pocos años, se formará un gran pinar. Un recurso que ayudará al Ayuntamiento, con su tanto por ciento, para ir nivelando su presupuesto de gastos, amén del despajo de leñas para los vecinos y del pasto para el ganado. También existen praderas cuya extensión es de 34 Ha. Producen gran cantidad de hierba que, seca, sirve para alimento del ganado en tiempo de invierno, y de pasto para el mueble, en verano y otoño.

Hay un refrán que dice: "Quien no tiene ganado no es labrador". No obstante, hoy, a causa de la emigración y mecanización, va desapareciendo el ganado en muchas zonas de nuestra provincia.


Que Aguilar ha sido siempre ganadero, lo demuestran esas parideras diseminadas en todas las partidas de su término municipal. Son amplias y bien orientadas; algunas de nueva construcción por los desperfectos sufridos en el transcurso del tiempo y durante la Guerra.

Hay bastantes que tienen junto a sí el pajar y la era. La razón es que la cosecha de la finca que rodea la paridera se suele trillar allí, quedando la paja para el ganado, evitando el transporte de la misma.


Estas fincas no son las menos productivas ya que son bien abonadas con el sirle del ganado, evitando así un gasto en abonos y nitratos.

Todo el llano, al estar rodeado de alturas, sufre la acción de los barrancos y ramblas. Son temibles en tiempos de tormentas y continuados temporales, pues sus aguas impetuosas, arrastran tierras, cosechas, paredes y cuanto encuentran a su paso. Vierten sus aguas al río Alfambra, aumentando su caudal considerablemente.

Destacan el barranco del Tollo, de la Incosa, Gascón, Río Seco, el de los Mases, Marigorda y Pansero. La rambla de Fuendenguilas, la del camino de Camarillas, la de Cañaseca y las Cuerdas.

Huerta

Saliendo del pueblo, en dirección a la huerta, y a partir del Santo Cristo, se encuentran, a ambos lados del camino, huertos que producen variadas verduras por estar cercados de altas paredes. Existen en ellos los típicos cirueleros y algún que otro frutal que, antiguamente, eran las delicias de los pequeños rapaces cuando dichas frutas estaban en sazón, y cuyas cercas escalaban con gran agilidad, no sin llevarse algún susto, y patitas para qué os quiero, cuando el dueño aparecía por allí. En las eras, durante la trilla, era costumbre tener un cesto de dichas frutas y ofrecerlas a cuantos por allí pasaban.


El suelo de la huerta también es excelente. Produce remolacha, trigo, gran cantidad de patata, alfalfa y hortalizas. Su extensión es de 74 Has. regadas con el agua del Alfambra, por medio de su gran acequia "Molinar" que la capta en la Azud, junto al Molino de Ababuj. Dicha Azud es una magnífica obra de ingeniería, a base de grandes piedras rejuntadas con cal. Se ignora en qué año se construyó. Fue reparada en 1918, ya que el agua impetuosa, al deslizarse por sus muros, va desgastando lentamente sus enormes moles.


En el otoño de 1965 fue construida una balsa en la partida denominada "Pradolenar Alto", con el fin de regular el agua en el período de escasez, y evitar el tener que regar durante la noche.

Dicha balsa con fondo y paredes al natural, está situada en la ladera derecha de la referida acequia, de la que recoge el agua por medio de una pequeña acequia, y a donde la vuelve, unos 400 m., más abajo, por una tubería con regulador. Tiene una capacidad para 2.500 metros cúbicos, suficiente para embalsar toda el agua de la noche. Es abierta a la salida del sol y cerrada a la puesta, pudiendo dormir tranquilamente los regantes de Aguilar.



La partida el "Sargal" se riega con el agua captada en la "Azud" del Pradolenar Alto, construida a base de troncos, maleza, estacada y reforzada por agua sobrante de la acequia Molinar.

El camino del "Sargal" divide a esta partida en dos tramos; en la antigüedad era un terreno cubierto de sarga y pantanoso. Nuestros antepasados lo roturaron y, saneándolo, repartieron un lote o suerte a cada vecino. Todavía quedan suertes del primer reparto, sin embargo otras son grandes porque en el correr de los años han sido vendidas a los colindantes. Esta partida es propicia a las heladas, sin duda, por la cercanía del río y por estar más baja que el resto de la huerta. El cauce del río, por ambas orillas, está cubierto de chopos, algunos de gran corpulencia por ser centenarios, aunque su rentabilidad no es notable.


Respetando muchos de ellos podrían plantarse canadienses, blancos y otros cuyo rendimiento fuese mayor.

El árbol está protegido y supone una no despreciable riqueza, y que debía explotarse al máximo por ser también regulador de la atmósfera. Nuestros antepasados nos legaron cosas estupendas, algunas con posibilidad de cambio, de ahí que la técnica moderna no debe despreciarse y conservando la ecología ambiental deben sustituirse simientes, animales de producción, arbolado, etc.